jueves, 3 de mayo de 2012

KRITIKA


PEQUEÑA MISS SUNSHINE




Tal vez el punto de partida disfuncional sirva como un buen documento de venta ante una audiencia cansada de los repetitivos esquemas comerciales. Sin embargo, poco a poco esa alternativa entre el indie y la comedia clásica está derivando en otro prototipo que se resquebraja por su escasa originalidad. “Pequeña Miss Sunshine” huele en exceso a pretensiones de carretera secundaria y a aspiraciones metafísico-caseras –el adolescente que lee “Así habló Zaratustra”, el tío experto en Proust–. Nos lo anuncia ya su por otra parte manido recurso, presentación consecutiva y gestual de los protagonistas: la niña de vestimenta peculiar que pretende ganar un concurso de belleza, el joven que se rebela contra el entorno mediante la mudez, el abuelo rockero que esnifa marihuana, la madre permisiva, el padre cuadriculado y el tío gay suicida. Un puzzle cuyas piezas proceden de cajas distintas y que, acertadamente, sus directores no pretenden ensamblar a la fuerza en ningún momento. Pero ese mismo material de originalidad cuestionada no termina de casar con el mensaje preestablecido. No paran de repetirse a lo largo de la película diálogos acerca del éxito y el fracaso, del esfuerzo y la lucha como auténticos barómetros de superación personal, frases sacadas de manual de autoayuda que poco o nada se analizan en el viaje que emprende la familia hacia el certamen de Pequeña Miss Sunshine.
 

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